
Es el acto de causar daño físico o psicológico intencionadamente a una persona o animal. La destrucción sistemática de la persona, familia, vecindario, escuela, trabajo, organizaciones formales e informales y la nación, con el propósito de controlar a una población que el Estado considera peligrosa. El objetivo puede ser variado: obtener una confesión o información de la víctima o de una tercera persona, como venganza por un hecho cometido por la víctima o por una tercera persona, como preludio de una ejecución o simplemente para el entretenimiento sádico del torturador. El propósito de la tortura es cambiar el patrón de comportamiento y pensamiento y las personalidades de las víctimas –muchas de las cuales no sobreviven. Al aprovecharse de los valores y miedos de la persona, los torturadores suprimen las fuentes de fuerza personal necesarias para resistir y recuperarse. Este daño se puede causar de varias formas: El daño físico: se puede causar mediante golpes, rotura de huesos, desgarros musculares, castración, aplastamiento, pinchazos, cortes, descargas eléctricas, desfiguración, quemaduras, aplicación de temperaturas extremas, ingestión de productos químicos o elementos cortantes, baños con substancias químicas cáusticas, ahogamiento, violación, privación del sueño o posturas corporales incómodas.
El daño psicológico: se puede realizar mediante la privación sensorial, el aislamiento, la humillación verbal o física, la manipulación de la información sobre el detenido o sus allegados, la mentira, la desorientación física y mental, o la simulación de torturas físicas o ejecuciones que contribuyan a la desmoralización. En general, lo que se busca con la tortura psicológica es la ruptura de la autoestima y la resistencia moral del detenido, con el fin de que el interrogador acceda más fácilmente a sus deseos.
El daño psicológico: se puede realizar mediante la privación sensorial, el aislamiento, la humillación verbal o física, la manipulación de la información sobre el detenido o sus allegados, la mentira, la desorientación física y mental, o la simulación de torturas físicas o ejecuciones que contribuyan a la desmoralización. En general, lo que se busca con la tortura psicológica es la ruptura de la autoestima y la resistencia moral del detenido, con el fin de que el interrogador acceda más fácilmente a sus deseos.
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